
Bajo el arrullo de las olas del Caribe, en las tierras guaireñas de Caraballeda, nació el primer Arzobispo de Mérida un 26 de junio de 1850. Quedó huérfano a temprana edad, educado por su tío materno, José Antonio García, vivió la dura experiencia del exilio, como consecuencia de la persecución de Antonio Guzmán Blanco contra la Iglesia. Fue ordenado sacerdote en la isla de Trinidad, en Puerto España el 21 de septiembre de 1873.
Sus primeras experiencias las vivió en la isla caribeña de Granada. A su regreso ejerce sus curatos en las Iglesias de Santa Teresa y San Juan de Caracas, sin dejar sus labores docentes en la Universidad Central y en el Colegio Episcopal.
Recibió su consagración episcopal en la Catedral de Caracas de manos del Arzobispo Críspulo Uzcátegui el 13 de febrero de 1895. Al mes siguiente ya estaba al frente de su diócesis serrana, que la rige como su décimo obispo por 28 años y 4 años como arzobispo; enfrentó la situación calamitosa por el terremoto de abril de 1894, mostrando su enorme liderazgo, recia personalidad y desempeño en la reconstrucción de templos, obras sociales y educativas; además, se destacó como como impulsor de la civilización cristiana, participando en la fundación del Diario La Religión. Y en Mérida el periódico El Vigilante (1924), el Archivo Arquidiocesano (1905) y el Museo Arquidiocesano (1911).
Con motivo de la elevación de Mérida a Arquidiócesis en el año de 1923, por medio de Las letras apostólicas del Papa Pío XI del 27 de julio de 1923, se dispone la concesión octava “extra consistorium” del palio arzobispal como signo de honor por el tiempo en que presidieres a esa Iglesia de Mérida en las Indias occidentales, las cuales recibirá el 23 de septiembre del mismo año. Murió en Mérida el 1 de agosto de 1927.
El ilustre hijo de Lobatera, estado Táchira, nació el 8 de junio de 1884, en un hogar cristiano, al calor de los valores de oración, trabajo, unidad y amor, lo que le permite formarse en un auténtico hombre de bien.
Al germinar la semilla de su vocación, se modeló como un pastor según el corazón de Dios, en el recién re-aperturado seminario de Mérida, bajo la sabia guía y artesana inspiración del Arzobispo Silva, el cual, lo ordenó sacerdote en la vetusta catedral merideña, el 1 de noviembre de 1907. Se convirtió en un cura de almas cercano, misericordioso, atento a las necesidades de su gente; se destacó por fundar el colegio Instituto Pedagógico, además de su curato en La Grita, donde el 20 de abril de 1916 bendijo el trono del Santo Cristo y las remodelaciones de su templo. Sin dejar de mencionar su relevante actuación en la entrega y conformación de la nueva Diócesis de San Cristóbal en 1923.
Su camino de construcción como padre y pastor de Mérida lo inicia al consagrarse como obispo en la Catedral de Mérida, el 29 de agosto de 1926. Anima a los llamados curas camineros con la apertura de los caminos y los primeros jeeps en el lejano sur merideño, así como a los programas educativos de alfabetización del campesinado por las escuelas radiofónicas, la creación de Radio Occidente, entre otras tantas nuevas formas de evangelización. Pero su obra inmortal fue sin duda la proyección de la ciudad de Dios, con sus monumentos de belleza patrimonial como la Catedral, el Palacio Arzobispal y el seminario san Buenaventura, junto al edificio Roma. De esta manera, cargado de buenos frutos, partió a la Casa del Padre, el 2 de marzo de 1978, a sus 94 años de edad, con 71 años como sacerdote y 52 como Obispo.
Hijo ilustre de Capacho estado Táchira, nació el 24 de octubre de 1907 y ordenado sacerdote en la Catedral de Mérida el 10 de agosto de 1930. Estuvo por 24 años de servicio al lado del Arzobispo Chacón. Es consagrado Obispo de Maracaibo, por Pío XII, el 21 de julio de 1958. El 16 de enero de 1961 es designado Arzobispo Coadjutor de la Arquidiócesis de Mérida y el 22 de noviembre de 1966 es designado como III Arzobispo de Mérida, desde 1966 a 1972, de gran humanidad, sencillez, cercanía y celoso cuidador del medio ambiente.
Su episcopado se caracterizó por su ejemplo de tolerancia y fraternidad, en tiempos de polarización política y divisiones ideológicas, puente para el diálogo y comprensión de todos. Su amor por los Pueblos del Sur de Mérida lo llevó a ser el primer aliado de los curas pioneros del desarrollo humano y social, que abrieron a pico y pala caminos en las empinadas montañas.
En el pueblo de Canaguá, dejó en el libro de gobierno, la crónica de la llegada del primer jeep en 1954. Llama la atención sus originales penitencias en la confesión: la siembra de árboles, junto a sus iniciativas para la reforestación de las cuencas y vecindades andinas; así como su protagonismo en proyectos como la creación del Instituto forestal latinoamericano, y la creación de la Escuela Universitaria de Enfermería. Entregó su alma a Dios en la madrugada del 30 de agosto de 1972, en Adicora estado Falcón.
Oriundo de las tierras de Turmero, estado Aragua, El 1 de julio de 1937 a la edad de 25 años y siete meses fue ordenado sacerdote por Monseñor Felipe Rincón González y consagrado Obispo de Barcelona el 25 de julio de 1960, por Monseñor Acacio Chacón.
Desde 1972 y hasta 1979 asumió el gobierno eclesial de la Arquidiócesis de Mérida como su IV Arzobispo, bajo las virtudes del silencio y el trabajo, su amor por la liturgia y la música sacra, junto a la promoción de una renovada catequesis en todas las parroquias.
Además de participar en la primera Asamblea plenaria ordinaria de la Conferencia Episcopal Venezolana en 1974, acompañó las sesiones conciliares en el Vaticano II y comenzó la aplicación de la pastoral de comunión y participación de la Iglesia del Concilio, con la creación de nuevas parroquias y su apertura a los nuevos movimientos de la Iglesia, como la renovación carismática católica y el protagonismo de los laicos en la misión.
Sometido a la prueba del dolor y la enfermedad dio testimonio de amor, paciencia y humildad, ofreciendo todo en oración por esta Iglesia merideña. Falleció en Valencia el 26 de noviembre de 1987.
Nació el 29 de septiembre de 1915 en Sabana Grande, la Grita, estado Táchira, siendo bautizado por quien llevó la primera mitra arzobispal, el padre Acacio Chacón Guerra. Siendo el primer sacerdote eudista venezolano, recibió su ordenación presbiteral el 24 de marzo de 1943, en el marco de las celebraciones de los 300 años de la Congregación de Jesús y María. Dedicó sus primeros 17 años de su ministerio a la formación de los futuros sacerdotes, en los seminarios Santa Rosa de Osos en Colombia, Santo Tomás de Aquino en San Cristóbal y sobre todo como rector en el Seminario Interdiocesano Santa Rosa de Lima en Caracas. Entre sus seminaristas destacó el Cardenal Baltazar Porras.
El 2 de febrero de 1961 es consagrado Obispo para el servicio de las tierras llaneras calaboceñas como su sexto Obispo; luego, San Juan Pablo II lo traslada a Mérida como su V Arzobispo Metropolitano, ejerciendo su labor con la pasión del pastor con olor oveja, así como su esfuerzo por poner en marcha el seminario San Buenaventura junto a la consolidación de la zona panamericana merideña, de la que nació la nueva Diócesis del Vigía-San Carlos del Zulia.
Fungió como Arzobispo desde 1979 hasta 1991, dejando a Mérida un enorme legado con nuevas comunidades de vida religiosa, creación de numerosas parroquias, favoreciendo el diálogo con el mundo de la cultura, la promoción de la pastoral social y la catequesis.
Aunado a su testimonio de santidad de vida, muere a la edad de 88 años, el 30 de octubre del 2003.
De raíces caraqueñas, nació el 10 de octubre de 1944. Fue ordenado sacerdote el 30 de julio de 1967 por Monseñor Miguel Antonio Salas. Se consagró como Obispo Auxiliar de Mérida el 17 de septiembre de 1983, bajo la guía y equipo del inolvidable Siervo de Dios Monseñor Salas, y luego tomó posesión como VI Arzobispo el 5 de diciembre de 1991, a lo largo de casi cuarenta años de fructífera misión episcopal, enseñó con su ejemplo civilista, estudioso y escritor, impulsó la ciudad universitaria que condujo con sapiencia y mejor tino como evangelizador de la cultura.
Como peregrino de la alegría y de la esperanza el Cardenal – Arzobispo, marcó su huella de desde 1991 hasta 2023, en la ciudad y en los campos más apartados de la serranía andina es conocedor experto de personajes, tradiciones y costumbres andinas. Su constante preocupación por el patrimonio cultural y tradiciones de nuestra Mérida, lo convierten en el principal conocedor y guardián de una cultura universitaria bajo la guía del Evangelio de la Vida.
La mitra merideña se ve honrada en su sucesión apostólica, por el VII Arzobispo Metropolitano, el Excelentísimo Monseñor Helizandro Emiro Terán Bermúdez, perteneciente a la familia de la Orden de San
Agustín (OSA), lo que impregna el corazón de nuestro nuevo Padre y Pastor abundante vocación misionera, presente en las periferias de nuestra realidad andina. Recibe Monseñor Helizandro la herencia evangelizadora de sus hermanos agustinos que recorrieron con no pocos sacrificios la basta geografía de la que hoy se conforma la Arquidiócesis de Mérida.
Con esa herencia de 225 años de presencia agustiniana en Mérida, nos llega el nuevo Arzobispo Metropolitano, un hijo de la tierra zuliana, nacido en Maracaibo el 7 de junio de 1965. Recibe de sus padres ejemplos de fe, trabajo, compromiso y familia. Con su sencillez característica, cercanía, alegría y disposición al servicio lo recibimos en Mérida como Arzobispo Coadjutor el día 19 de marzo de 2022, tradición en nuestra Iglesia merideña de la gran mayoría de metropolitanos.
Monseñor Helizandro Terán, recibió el palio arzobispal de manos del Papa Francisco en una ceremonia celebrada en el Vaticano, el 29 de junio de 2023. Durante los primeros siete meses, tuvo de la oportunidad de conocer casi la totalidad de nuestras parroquias, por lo que ya no resulta desconocido para los merideños
su nuevo Padre y Pastor.