Arquidiócesis de Mérida

La huella Episcopal de la Mérida de Maracaibo

Una mirada agradecida a la siembra fecunda del Evangelio en nuestras inseparables tierras de serranías y del lago, de las nieves eternas y del sol amada: el Occidente venezolano. El período de reflexión comprende desde la creación de la Diócesis de la Mérida de Maracaibo (1778) hasta la creación de la Diócesis de Maracaibo (1897). Un total de 119 años en los que 10 obispos marcan la huella Episcopal de la Diócesis de Mérida de Maracaibo.

Dejamos constancia de los testimonios históricos y eclesiales más importantes de estos episcopados, que ayuden a profundizar el conocimiento y valoración de la evangelización de este importante territorio del país.

En primer lugar, el motivo de esta disertación es rendir homenaje de gratitud a su Excelencia Monseñor José Luis Azuaje Ayala, octavo obispo y cuarto Metropolitano de esta sede Zuliana, por su vigésimo quinto aniversario de ordenación episcopal, hijo de las montañas andinas de Trujillo, junto a otros tres de sus predecesores andinos: Rafael Pulido Méndez, Domingo Roa Pérez y Ramón Ovidio Pérez Morales. Así como el aporte de esta Iglesia Zuliana a la evangelización de nuestra Arquidiócesis de Mérida, con la administración apostólica de su primer Arzobispo, el inolvidable Monseñor Roa Pérez en Mérida y el actual pastoreo de nuestro séptimo Arzobispo, Monseñor Helizandro Terán, hijo de esta tierra marabina. Sin contar la cantidad de sacerdotes, religiosas, laicos comprometidos que han emigrado permanentemente en nuestras Iglesias hermanas del Zulia y Mérida y son verdaderos testigos del Evangelio en salida, signo permanente de comunión y participación misionera de estas dos provincias unidas en una sola historia de fe.

La Mérida de Maracaibo, fechas y acontecimientos importantes

Para entrar en contexto es importante tomar en consideración la realidad nacional del 08 de septiembre de 1777, cuando se creó la Capitanía General de Venezuela. Este acto administrativo fungió de factor unificador del territorio venezolano en lo político, económico y militar. Lo que supuso también para Iglesia
el enorme desafío de: reorganizar su estructura jurídico-pastoral dentro del mismo territorio.

Realidad en el Occidente Venezolano

En 1765 Don Alonso del Río, Gobernador de Maracaibo, se dirige al Consejo de Indias manifestando el estado de abandono espiritual en el que se encuentran las almas de los naturales de esta alejada Provincia, en medio de dos caminos que conducen a las sedes Metropolitanas de Santa Fe de Bogotá o del Obispo de Caracas. De las que se sienten estas almas huérfanos y privados de los beneficios espirituales de la presencia física episcopal.

Las soluciones propuestas fueron, por Bogotá: el nombramiento de un Obispo Auxiliar. Y por Caracas: la creación de una nueva sede episcopal.

El segundo punto de discrepancia giraba en torno a la capital o sede de la misma, de lo que surge aquí una: primera disputa entre andinos y marabinos: El honor de ser la sede. Se produce una interesante campaña por parte de Maracaibo y Mérida, haciendo valer argumentos de toda índole, lo más curioso y divertido fue que cada uno señala los defectos del otro.

Por una parte, los Zulianos alegan la condición portuaria y el tener más de 10.000 habitantes, además de alegar el Cabildo de Maracaibo que Mérida es enfermiza, padeciéndose allí de dolores capitales de muela y reuma, y así admira ver a los jóvenes sin dentadura. Además, la lejana ciudad serrana contaba con apenas 3000 habitantes y una sola parroquia en la Ciudad.  Por su difícil acceso y su mal clima que hacía que todos se volvieran cotudos, una ciudad en la que los clérigos viven en peligro de muerte, pues se cometen
crímenes abominables.

Y por otra parte los merideños escriben al Rey y esgrimen: la elección de Maracaibo es desaconsejable…el comején insecto muy pernicioso y abundante en aquella ciudad a causa de su ardentísimo temperamento se podían comer una biblioteca en horas, con un clima que no permite la oración y el estudio y por estar en el extremo del nuevo obispado.

La solución fue salomónica: la posición geográfica de Mérida, en el centro de todos los pueblos que conforman la nueva sede episcopal. Para contentar a unos y a otros se le da el nombre al Obispado de Mérida de Maracaibo.

El 16 de febrero de 1778 fue erigida la diócesis de Mérida de Maracaibo por la Bula Magnitudo Divinae Bonitatis del Papa Pío VI.

La diócesis de Mérida de Maracaibo debe su nombre al hecho que la ciudad de Nueva Zamora del Lago de Maracaibo perteneció a la provincia de Mérida a partir del 31 de diciembre de 1676 gracias a una Real Cédula enviada a la Audiencia de Santafé, así como a los Gobernadores de las provincias de Mérida y Venezuela.

Su enorme territorio comprendía todo lo que hoy son los Estados de Falcón, Zulia, Trujillo, Mérida, Táchira, parte de Barinas, parte de Apure, y por Colombia los territorios de Cúcuta, Pamplona y los llanos del Casanare en Colombia. Hasta 1830 con la separación de la Gran Colombia.

Para finales del siglo XIX fue una imperiosa necesidad la creación de la nueva circunscripción eclesiástica que abarcara todo el Estado Zulia. Es así como con la llegada del Décimo Obispo Monseñor Antonio Ramón Silva, y por voluntad del Papa León XIII se crea la Diócesis de Maracaibo en 1897. La elección de Mérida como capital del nuevo obispado no fue tan simple. Tenía ciertamente la ventaja de encontrarse a medio camino entre Santa Fe y Caracas. Sin embargo, Maracaibo era la capital civil de la gobernación, con una impor­tancia económica indudable por ser puerto y con intereses financieros. Mérida, por el contrario, era de difícil acceso y con menos importancia en lo económico. No obstante, todas estas consideraciones, el rey se decantó por Mérida. El nombre dado a la nueva jurisdicción eclesiástica fue el de
Mérida de Maracaibo.

A modo de conclusión

Siguiendo las huellas de los Pastores que fecundaron estas hermanas arquidiócesis de Mérida y Maracaibo, podemos agradecer el testimonio de fe, servicio, sacrificio y compromiso de Pastores y fieles en favor de la Evangelización del occidente de nuestro país.

El Anuncio del Evangelio resonó de las orillas del lago, hasta las cumbres andinas, con sus luces y sombras, pero alentados por un dios vivo y encarnado en la vida de nuestros pueblos.

Desde nuestra génesis como Iglesia andina y zuliana, un nombre nos ha unido para siempre Mérida de Maracaibo. Juntos hemos compartido los avatares de la historia política, educativa, cultural, social y religiosa de una región puntera en desafíos, como la fundación de la república, la génesis de la Iglesia venezolana y la evangelización de la cultura.

El camino recorrido nos ha enseñado que podemos compartir juntos experiencias eclesiales, agentes evangelizadores, bienes recibidos, es el actual llamado del Papa Francisco cuando dice: El camino que Dios está indicando a la Iglesia es precisamente el de vivir de manera más intensa y concreta la comunión, y caminar juntos. Les invito a superar los modos de obrar autónomos o como las vías paralelas del tren, que nunca se encuentran. Compartir la misión acerca a los pastores y a los laicos, les da un propósito común, manifiesta la complementariedad de los diversos carismas y, por eso, suscita en todos el deseo de caminar juntos.

Tomado del articulo: Pbro. Edduar Molina Escalona. “La huella Episcopal de la Mérida de Maracaibo”. En Boletín del Archivo Arquidiocesano de Mérida. Mérida-Venezuela. Arquidiócesis de Mérida, Archivo Arquidiocesano de Mérida, Tomo XIX, N° 60, enero- junio 2024, pp. 84-127.