Arquidiócesis de Mérida

Unción de los Enfermos

Dice el Concilio Vaticano II (LG 11), que «con la sagrada unción de los enfermos y la oración de los presbíteros toda la Iglesia encomienda al Señor sufriente y glorificado aquellas personas que la enfermedad ha postrado, para que los alivie y los salve; más aún, los exhorta a asociarse libremente a la pasión y muerte de Cristo para que así contribuyan al bien del Pueblo de Dios».
«La enfermedad y el sufrimiento siempre han sido uno de los problemas más graves que aquejan la vida humana. En la enfermedad, el hombre experimenta su impotencia, sus límites y su finitud. Toda enfermedad nos puede hacer entrever la muerte» (CEC 1500).
«La enfermedad puede conducir a la angustia, al repliegue sobre uno mismo, a veces incluso a la desesperación o a la revuelta contra Dios. Puede también hacer volver la persona más madura, ayudarla a discernir en su vida lo que no es esencial a fin de descubrir lo que sí lo es. Muy a menudo, la enfermedad provoca una búsqueda de Dios, un retorno a Él» (CEC 1501).
Con este sacramento, la Iglesia, imitando la misericordia entrañable de Cristo, quiere ofrecer a la persona enferma vivir su situación no en la soledad sino en la comunión con el Señor muerto y resucitado por nosotros.

¿Quién la puede recibir?

El sacramento de la Unción se da a los enfermos que están en peligro serio, ungiéndoles la frente y las manos con aceite de oliva, o, si es necesario, con otro aceite vegetal, debidamente bendito. El obispo o el presbítero unge la persona enferma diciendo estas palabras una sola vez: «Que por esta santa Unción y por su gran misericordia te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo; porque, liberado de los pecados, te conceda la salvación y alivie tu sufrimiento». (Ritual de la Unción de los Enfermos; CIC canon 847, 1).
«La Unción de los enfermos no es únicamente el sacramento de aquellos que se encuentran en peligro de muerte, por eso, el tiempo para recibirlo, ciertamente ya ha llegado cuando el fiel empieza a estar en peligro de muerte por enfermedad o vejez» (CEC, n.1514; CIC canon 1004.1; 1005; 1007; CCEO, canon 738).

¿Cómo pedir este sacramento?

El cristiano, por razón de enfermedad o de vejez, no debe quedar desvinculado de su parroquia y de su comunidad cristiana de referencia. Por ello, los enfermos y sus familiares pueden solicitar la visita del cura o de los visitadores de enfermos, así como recibir la sagrada Eucaristía en casa.
En nuestro Hospital Universitario de los Andes hay un servicio religioso permanente y se puede pedir la visita del sacerdote, en la parroquia San José Obrero.