Arquidiócesis de Mérida

El discípulo es aquél que ha sido llamado por el Señor a estar con Él (cfr. Mc 3, 14), a seguirlo y a convertirse en misionero del Evangelio. El discípulo aprende cotidianamente a entrar en los secretos del Reino de Dios, viviendo una relación con Jesús. Este “permanecer” con Cristo implica un camino pedagógico-espiritual, que trasforma la existencia, para ser testimonio de su amor en el mundo.

La experiencia y la dinámica del discipulado que, como ya se ha iniciado, dura toda la vida y comprende toda la formación presbiteral, requiere pedagógicamente una etapa específica, durante la cual se invierten todas las energías posibles para arraigar al seminarista en el seguimiento de Cristo, escuchando su Palabra, conservándola en el corazón y poniéndola en práctica. Este tiempo específico se caracteriza por la formación del discípulo de Jesús destinado a ser pastor, con un especial cuidado de la dimensión humana, en armonía con el crecimiento espiritual, ayudando al seminarista a madurar la decisión definitiva de seguir al Señor en el sacerdocio ministerial y en la vivencia de los consejos evangélicos, según las modalidades propias de esta etapa. (Ratio Fundamentalis)

I de Discipulado

Objetivo general: Centrar la atención del seminarista en el misterio de Cristo y en su propia vida (RFIS 63).

  1. Dimensión humana: Descubrir las actitudes humanas de Jesús.
  2. Dimensión espiritual: Contemplar desde la oración la vida y el misterio de Jesús.
  3. Dimensión intelectual: Iniciar en la reflexión acerca del hombre y de sus relaciones.
  4. Dimensión pastoral: Sensibilizar con los hombres que viven en las periferias y se pone a su servicio.

II  de discipulado

Objetivo general: Identificar al seminarista, después de haber identificado los elementos de su propia vida que le impiden el seguimiento de Cristo, se dispone a liberarse de ellos (RFIS 65).

  1. Dimensión humana: Descubrir, a la luz de Jesús, las actitudes personales de las que debe liberarse.
  2. Dimensión espiritual: Reconocer el pecado, descubrir su necesidad de cambio y se apoyar en la gracia de Dios para lograrlo.
  3. Dimensión intelectual: Aprender a interpretar las actitudes del hombre y los sistemas sociales.
  4. Dimensión pastoral: Descubrir el valor de la iniciación cristiana y se integra en los itinerarios catequéticos.

III   de discipulado

Objetivo general: Orientar al seminarista que, habiendo adquirido una libertad suficiente, hace una opción madura para el seguimiento de Cristo en el ministerio presbiteral o en otra forma de vida cristiana (RFIS 67).

  1. Dimensión humana: Procurar que, desde la libertad adquirida se identifique con Jesús, ideal de todo hombre.
  2. Dimensión espiritual: Asumir la vida cristiana como concreción del seguimiento de Cristo.
  3. Dimensión intelectual: Reconocer en la propuesta cristiana la aspiración del hombre.
  4. Dimensión pastoral: Asumir el apostolado con generosidad desde el