Arquidiócesis de Mérida

La Penitencia, Confesión y Reconciliación

El sacramento de la Penitencia y de la Reconciliación

Solo Dios perdona los pecados. Porque Jesús es el Hijo de Dios y Dios y hombre verdadero, instituyó el sacramento de la Penitencia o de la Reconciliación para todos los miembros pecadores de su Iglesia, sobre todo para quienes después del Bautismo han caído en pecado grave y así han perdido la gracia bautismal y han herido la comunión eclesial.

Igual que Cristo confía en sus apóstoles, el ministerio de la reconciliación, los obispos y los sacerdotes, colaboradores de los obispos, son los que ejercen este ministerio del perdón de los pecados.

Como todos los sacramentos, la celebración de la Penitencia es una acción litúrgica.

Ordinariamente los elementos de la celebración son estos: saludos y bendición del sacerdote, lectura de un fragmento de la Palabra de Dios para iluminar la conciencia y suscitar la conversión y el arrepentimiento, la confesión, con la cual el cristiano reconoce los pecados y los manifiesta al sacerdote, la absolución por parte del sacerdote, la proposición y la aceptación de una «acción penitencial», como signo de la voluntad de conversión del penitente, la acción de gracias a Dios y la despedida.

Cada comunidad cristiana o cada parroquia tiene establecido unos horarios para las confesiones.