Arquidiócesis de Mérida

A la luz de la experiencia acumulada de los últimos decenios, se reconoce la necesidad de dedicar enteramente un período – ordinariamente no inferior a un año y no superior a dos – a una preparación de carácter introductorio, con el objetivo de discernir la conveniencia de continuar la formación sacerdotal o emprender un camino de vida diverso.

Esta etapa propedéutica es indispensable y tiene su propia especificidad. El objetivo principal consiste en asentar las bases sólidas para la vida espiritual y favorecer un mejor conocimiento de sí que permita el desarrollo personal. Para la introducción a la vida espiritual y la maduración en ella será necesario, sobre todo, iniciar a los seminaristas en la oración a través de la vida sacramental, la Liturgia de las Horas, la familiaridad con la Palabra de Dios, alma y guía del camino, el silencio, la oración mental, la lectura espiritual. Finalmente, éste es un tiempo propicio para un primer y sintético conocimiento de la doctrina cristiana mediante el estudio del Catecismo de la Iglesia Católica y para desarrollar la dinámica del don de sí en la experiencia parroquial y caritativa. Además, la etapa propedéutica podrá ser útil para completar la formación cultural si fuese conveniente. (Ratio Fundamentalis). 

Objetivo general: Facilitar al formando realizar un primer discernimiento vocacional en el marco de la vida comunitaria y establecer unas sólidas bases espirituales para el posterior camino formativo (RFIS 59).

  1. Dimensión humana: Llevar a cabo un primer análisis de la personalidad y de la disposición para la vida comunitaria eclesial.
  2. Dimensión espiritual: Revisar y profundizar en su iniciación
  3. Dimensión intelectual: Permitir acercarse a la historia de la salvación y leer su propia historia personal a partir de ella.
  4. Dimensión pastoral: Descubrir la misión de la Iglesia y su llamado a ser misionero desde el servicio.